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Como afecta lo que comes al funcionamiento del cerebro

Los alimentos que ingerimos, y mucha de las drogas psicoactivas más populares, provienen de plantas o animales. Algunos ingredientes de estos productos animales o vegetales son muy similares, si no idénticos, a los neurotransmisores que operan en nuestro cerebro y en el resto de nuestro cuerpo para que funcionen normalmente. Esta es la razón por la que la composición de nuestra dieta puede interactuar con nuestras neuronas e influir en la función cerebral, y pone de manifiesto un principio muy importante: las sustancias presentes en la comida que se ingiere afectarán a tu cerebro si la composición y estructura químicas se parecen en algo a los neurotransmisores o, por otro lado, si interactúan con los procesos bioquímicos del cerebro que participan en la producción, liberación o inactivación de un neurotransmisor.

¿Cómo es posible que plantas y humanos usemos sustancias tan parecidas para las funciones normales de todos los días? Pues porque plantas y humanos compartimos una historia evolutiva común en este planeta. Incluso los organismos unicelulares más primitivos producen las mismas sustancias que están nuestro cerebro. Es por esto que, independientemente de que elijas una zanahoria, un plato de sushi o un paté de amebas, los compuestos químicos que contiene cada alimento pueden alterar el funcionamiento de tus neuronas y, por tanto, cómo te sientes o cómo piensas.

Todos hemos experimentado nuestra historia evolutiva común con las plantas. Por ejemplo, los plátanos no maduros contienen el neurotransmisor serotonina. Cuando comes un plátano todavía verde la serotonina que contiene puede actuar sobre las neuronas de tu tracto digestivo. Una consecuencia probable es que se produzca un aumento de la activación de los músculos del intestino, una forma elegante de llamar a la diarrea.

Muchas plantas contienen sustancias que podrían mejorar el rendimiento de tu cerebro. Por ejemplo, las patatas, los tomates y las berenjenas contienen solanina y α-chaconina, compuestos que potencian la acción de la acetilcolina, vital para la formación de recuerdos. Puedes mejorar ligeramente tu estado de ánimo comiendo las semillas de las habas ya que contienen L-DOPA, un precursor en la producción de la dopamina, el compuesto de las recompensas cerebrales.

El que uno de estos compuestos afecte realmente a tu cerebro depende de cuánto consumas y de tu fisiología personal. Ello podría explicar por qué hay gente que encuentra tanta satisfacción comiendo patatas y berenjenas.

Los compuestos parecidos a la morfina con capacidad para actuar sobre el cerebro se producen en el intestino cuando consumes leche, huevos, queso, espinacas, setas, calabaza y varios pescados y cereales. Los productos lácteos en particular contienen una proteína en concreto, la caseína, que las enzimas del intestino pueden convertir en beta-casomorfina. En los recién nacidos, puede atravesar con facilidad el intestino inmaduro y llegar al cerebro en desarrollo donde produce euforia.

La sensación placentera que produce este compuesto opioide en los mamíferos recién nacidos, tras probar por primera vez la leche de su madre, se cree que anima al bebé a volver una y otra vez a por su dosis. Así, el ser capaz de experimentar la euforia producida por un opioide tiene una importancia de vida o muerte para el recién nacido. Los adultos no experimentan esta sensación al beber leche debido a la presencia de barreras intestino-sangre (hematointestinal) y cerebro-sangre (hematoencefálica) completamente desarrolladas.

Los psicotropos de origen vegetal más populares son, sin duda, la cafeína y la nicotina. Se ha escrito tanto de ellos que no nos repetiremos aquí. Pero sí hablaremos de la adicción que provoca el que puede que esté en tercera posición en popularidad: el chocolate. El chocolate contiene un poco de cafeína, pero también todo un despliegue de compuestos psicoactivos que contribuyen a la satisfacción que produce comerlo. El chocolate contiene fenetilamina, una molécula muy semejante a la anfetamina, y pequeñas cantidades de anandamida, que se parece al ingrediente activo de la marihuana, un cannabinoide. Ocurre que la anandamida es un neurotransmisor del cerebro humano que es crítico para poder experimentar placer. La combinación de todas estas sustancias se traduce en el principal efecto del chocolate, la reducción de la ansiedad.

En términos de reducción de la ansiedad, sin embargo, la sustancia más popular es el alcohol etílico. El alcohol potencia la ya importante acción inhibitoria del neurotransmisor GABA y actúa como depresor del sistema nervioso central. Por esta razón, en el siglo XIX el alcohol era ampliamente usado como anestesia general. El problema era que la duración del efecto depresivo sobre el cerebro era demasiado largo y no podía controlarse ni con facilidad ni con seguridad. La dosis efectiva para la anestesia quirúrgica está demasiado próxima a la dosis letal. Por lo tanto, era posible inducir suficiente anestesia en un vaquero herido para arrancarle una flecha de su pierna, pero era improbable que el vaquero en cuestión sobreviviera a la operación. Si la flecha no le mataba, el anestésico podía hacerlo.

Por tanto, y resumiendo, dependiendo de la concentración que una sustancia llegue a alcanzar en el cerebro nuestra dieta puede alterar de forma significativa nuestro estado de ánimo y algunas funciones superiores. Para alcanzar dicha concentración, tan importante como la cantidad de comida ingerida, son el peso del individuo, su fisiología, su edad y el estado de sus barreras hematointestinal y hematoencefálica.

Tomado del Blog .Experientia docet

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