lunes, 27 de febrero de 2012

Algumentos sobre la selección Natural

Un error muy común cuando hablamos de la famosa, aunque no por ello bien conocida, teoría de la Selección Natural de Charles Darwin, es asociarla directamente con la muerte.
“Los fuertes sobreviven, los débiles mueren.”
Es tal vez la frase que más suelo escuchar. Y bueno, es una obviedad que eso sucede, pero no explica la evolución.
“Los que mejor se adaptan a los cambios del medio sobreviven, y los que no se adaptan mueren.”
Es simplemente una versión de la frase anterior, que aunque suene un poco mejor, ya que incluye la adaptación, viene a decir lo mismo. Esa es otra observación de lo que ocurre en la naturaleza, que por muy acertada que sea, tampoco explica la evolución.
Por muy fuerte y muy adaptable al medio que sea un organismo, éste podría pasarse toda la eternidad autoreplicándose sin evolucionar jamás. Y los pobres débiles e inadaptados seguirían muriendo absurdamente duerante toda la eternidad.
No obstante, esas frases que he citado, ya muestran que el individuo que las pronuncia asume la existencia de algo que es muy importante para comprender cómo funciona la Selección Natural; la variabilidad. Que existan individuos más fuertes que otros, que no seamos todos iguales, es un hecho sin el cual la evolución no sería posible. Esta variabilidad genética que vemos dentro de una misma especie, existe gracias a mecanismos que generan variabilidad, como las mutaciones, o la recombinación. Sobre esta variabilidad genética actua la Selección Natural. ¿Cómo lo hace?
La Selección Natural no necesita que muera nadie. No, no necesita que el pobre débil e inadaptado se muera. Lo único que necesita la Selección para operar sobre esa variedad en el acervo genético es que esos cambios, ya sean obtenidos por mutaciones aleatorias o por otros medios, sean de caracter heredable.






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