Conexiones biónicas


En una de las escenas míticas de la ciencia ficción llevada al cine, Luke Skywalker mira su mano y su antebrazo nuevos. El héroe de La guerra de las galaxias mueve sus dedos mediante la extensión y la contracción de pistones que se muestran a través de una pequeña placa abierta en la muñeca. Siente luego el pinchazo del cirujano robótico en un dedo. No es solo que Skywalker pueda mover la prótesis con el pensamiento, es que además la siente como si fuera su propia mano.

Sin embargo, el espectador no puede ver la conexión real entre el hombre y la máquina. Los neurocientíficos desearíamos contemplar esa interfaz oculta en el centro de la escena. Para que tal conexión funcionara, tendría que convertir los impulsos nerviosos del cerebro en señales eléctricas en el brazo artificial, y viceversa. Pero más allá del mundo del celuloide, nadie ha logrado todavía resolver cómo empalmar nervios y cables eléctricos de modo que controlen la extremidad artificial como si fuera una extensión natural de nuestro propio cuerpo.
No hemos de sorprendernos ante semejante frustración. Por un lado, los nervios y los cables eléctricos, necesarios para regular la electrónica de una prótesis, transmiten tipos de señales completamente distintos. Los dispositivos electrónicos dependen del flujo de electrones en materiales conductores a través de semiconductores y transistores; el sistema nervioso se basa en la despolarización de la membrana celular y la liberación de señales químicas en los hiatos entre neuronas. Por otro lado, la conexión requeriría la implantación de cables y otros dispositivos electrónicos en el organismo, que, en condiciones normales, percibe como extraños tales implantes y, por lo tanto, desencadena respuestas que generarían tejido de cicatrización alrededor de la interfaz y perturbarían su funcionamiento.








ArtÍculo tomado de la revista Investigación y Ciencia

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